català - english - español


Pintura sobre tela:
-------------------------
2013
2012
2011

2010
2009
2008
2007
2006
2005
2004
Anterior a 2004

Pintura sobre papel:
----------------------------
2011
2008
2006
2005
2004
Anterior a 2004

Técnica Mixta:
-------------------
Murales 2010
Fregar i Somniar

Currículum
Sobre mi obra
Artículos
Obras para TV
Pintura por subscripción
Cursos Pintura
Art a Pratdip

Artículos


La Vanguardia. 2 de Septiembre de 2011
LaVanguardia.pdf

(en Catalán)

Una pintora a Pratdip: Promoure l’activitat cultural al municipi és un dels objectius que Carme Bassa s’ha propossat pels propers anys.

MARC SOLER Pratdip
Feia anys que la pintora Carme Bassa li donava voltes al projecte de deixar Barcelona, tancar el seu estudi del carrer Canuda, abocat damunt la plaça Villa de Madrid, per instal·lar-se lluny de la capital. A Pratdip hi va trobar el que portava buscant des de feia temps: un vell edifici, allargat, de teulada a dues aigües, en definitiva, un antic galliner en desús que va transformar –amb el consell i col·laboració d’Itziar González– en el que avui és la seva residència habitual i estudi amplíssim i lluminós. L’arribada a la població d’aquesta antiga alumna de l’Escola Massana i de l’Escola Eina –a la primera, amb els companys de curs, va protagonitzar una revolució negant-se a pintar bodegons i a la segona va aprendre els recursos de la pintura amb Ràfols Casamada i Patricio Vélez–, va fixar les bases d’una relació amb Pratdip molt estreta des d’un bon començament. La finca es troba en un paratge – El Planas o El Colomer–, ni gaire a prop ni massa lluny del poble.

En realitat Carme Bassa arribà a Pratdip amb una idea de vida però també amb un projecte cultural. “Tenia al cap que treballar col·lectivament et permet créixer i resulta més enriquidor. I que allà on anés a parar establiria lligams amb la zona”. “La pintura ja es un exercici prou solitari...”, explica la pintora. En va informar a l’alcaldia quan el municipi es va interessar per la seva arribada. “Els vaig explicar –continua Bassa– que això era un projecte cultural. (...)

(Continua: LaVanguardia.pdf)

 

Sala Maragall. Noviembre 2005

Carme Bassa: el color de una feminidad universal

La exposición de pintura de Carme Bassa propone una mirada poética al mundo que nos rodea, ya sea revelando el alma de los objetos cotidianos a partir del diálogo que conforman desde su presencia compartida o la carga emotiva que les otorga el tiempo de convivencia; ya sea en la conexión cósmica de un diálogo universal que aproxima conceptos y representaciones, acercando culturas y eludiendo fronteras tanto geográficas como cronológicas.

Es posible proponer un hilo conductor para captar toda la complejidad de la obra de esta artista que observa el mundo que le inquieta desde una perspectiva femenina, que no feminista. Atreviéndose a utilizar esta palabra menospreciada por una cultura de claras connotaciones machistas, poniendo sobre la tela otra voz a la cual se suman ecos infinitos.

BUSCAR TRABAJANDO. Sus obras nunca parten de un concepto premeditado, es el diálogo constante con la pintura, durante el proceso de trabajo, quién va desarrollando los contenidos. El contacto con los materiales, mientras pinta, provoca que la sensibilidad fluya de forma natural, haciendo extensivas todas las pulsiones interiores a la mano encargada de representar sus sentimientos. Por otra parte, esto nos revela una artista incansable a la hora de adentrarse en lo desconocido para cazar lo inesperado.

El procedimiento técnico que Carme Bassa utiliza en la elaboración de su discurso artístico es la encáustica tradicional (cera de abeja mezclada con resina y pigmentos). Este dato ya comienza a tejer el discurso de una intención que también se desarrollará en el contenido: la conciencia del pasado.

SÍMBOLOS UNIVERSALES. Las incisiones que dibujan signos y símbolos de todo un universo particular y a la vez universal, llevan a la memoria la necesidad humana del trazo, de la huella. Los cuadros podrían llegar a ser paredes para la casa de la alma, o un espejo atemporal en la permanencia del gesto. Pinturas rupestres, símbolos de culturas antiguas o dibujos de Paul Klee, en definitiva la magia de ser consciente de que existe un código de comunicación coincidente cuando se aprende a escuchar y a participar de la sinergia.

DIOSAS. Las representaciones femeninas que realiza Carme Bassa están hechas desde la óptica de una mujer a quien le interesa el mundo de la mujer. Cómplice y partícipe, la sublima en tanto que ha escogido el símbolo de una mujer que representa la divinidad, recuperando, además, raíces ancestrales.

Sus diosas evocan formas del mundo clásico prehelénico, concretamente las del estilo protoático como, por ejemplo, la Señora de les Bestias. Dibujadas en geometrías que determinan la capacidad de síntesis, con líneas vibradas que sugieren la fuerza y dentro de una estética que perfila toda una identidad formada por un legado fuertemente mediterráneo, queriendo recuperar también el aspecto sagrado de la pintura.

LUZ DE LA MEMORIA. La sensibilidad de esta artista la emplaza a investigar de forma poética el mundo que la rodea. Carme Bassa destila en sus obras algo que le viene de muy adentro, y es por ello que el sustrato cultural de lo que ha vivido se manifiesta, bien evocando frescos de Pompeya desde las ventanas de sus arquitecturas pintadas, claustros o grafías de culturas ancestrales flotando en los paisajes de la memoria, habitados por la luz cerrada del recuerdo. Un recuerdo antiguo, por el carácter de envejecimiento que da al tratamiento de las piezas, y vivo, por el carácter de contemporaneidad que tiene el discurso de la posición de la mujer en la sociedad actual.

Pilar Giró (Revista Bonart, noviembre 2005)

-------------------------------------------------------------------------------

 

Sala Maragall. Noviembre 2003

CARME BASSA. LA VISIÓN DE UN MUNDO QUE PODRÍA SER IDÍLICO

La primera condición para ser artista es sentirse como tal y, después, acto seguido preocuparse por los medios para conseguir que los elementos del entorno además de mostrarse y hablarnos de ellos mismos sirvan para que nosotros nos podamos expresar con ellos. Eso es lo que ha hecho siempre Carme Bassa, nacida en Barcelona que, de antemano, ya en sus primeras inquietudes creativas, intentó ordenar su sensibilidad asistiendo a clases de arte de la Escuela Massana y, acto seguido, proseguir aquella práctica inicial en la ingeniosa Escuela Eina –donde profesaba el sutil artista pintor Albert Ràfols Casamada–, que emplazó a Carme Bassa en aquel momento extraño y difícil a no fiarse de lo conocido, y ésta es la misión del arte, penetrar en lo desconocido, que es lo que, si realmente se es artista, debe procurar hacer todo aquél que se siente empujado por la inquietud de intentar averiguar un sentido menos arrastrado, práctico e inmediato de nuestro mundo, para hacernos sentir, a través de las emociones, que la realidad puede ser también una poética. Por si todavía le faltara algo a Carme Bassa, completó su formación asistiendo a la Accademia dell'Arte, de Florencia, aquella ciudad que genera en todo el mundo que se le acerca el síndrome de la inagotable ansia de belleza permanente.

Lo que acabamos de escribir lo podemos verificar en la exposición que se celebra a la “Sala de Arte Maragall”, de Barcelona. De entrada, como era previsible, nos daremos cuenta de que la primera cuestión que preocupa a la artista es la del soporte de la obra y del procedimiento de ejecución. Para la experiencia creativa actual opta por la técnica de la encáustica, aquella antigua manera de hacer que, para mantener los colores en todo su frescor y potencia, los diluía en cera caliente. Ésta es su primera acometida. Acto seguido, la temática que tratará, con una fianalidad, sin embargo, muy propia de nuestro tiempo, es la de un mundo idílico, donde será la mujer la que representará a la mujer; es la mujer que se interesa por mundo de la mujer, contra la visón habitual de la mujer vista por el hombre artista, que entra como un voyeur en el mundo femenino. Para tratar este tema había que proponer un sistema representativo atractivo; la artista lo ha encontrado al ámbito de las formas del antiguo mundo clásico prehelénico: aquellas geometrías que se expresan ellas mismas porqué permiten al creador ser espontáneo y directo, al tiempo que crean un ámbito de texturas que dan plena satisfacción al ojo ávido de aquel mundo que empieza a desfilar ante su mirada. Las mujeres, ahora diosas, cubiertas con sus vestidos sugerentes, trazados con la geometría de la línea vibrada, intermitente, son ofrecidas por la artista mediante una nueva ampliación de procedimiento, el del collage plástico. Eso convierte la obra en unas esculturas incipientes que otorgan a los cuadros un atractivo añadido, puesto que, por ejemplo, en los utensilios, el procedimiento del collage permite que el tratamiento sobre el plano permita mostrar visualmente aquellos elementos en una ilusión de profundidad, sin echar mano de ningún tratamiento geométrico preestablecido.

Pero no es sólo eso. A la artista le atrae el mundo del paisaje, que nos el da en la más idílica visión mediterránea, y nunca sirviéndose del tema de la mujer ayudada y pasiva, sino en aquél en el cual la mujer se mueve, es dinámica y se posesiona de su entorno y ambiente. Como si con ello no tuviese bastante, crea también, con la problemática añadida de nuevos procedimientos – polvo de hierro – unas naturalezas muertas, unos interiores que proclaman bien claramente que nuestro mundo no es de desesperación si lo sabemos ver y tratar desde otros planteamientos: los de la sutilidad, sensibilidad y belleza.

Arnau Puig. Filósofo y crítico de arte.

-------------------------------------------------------------------------------

 

Sala Maragall. Junio 2002

AIRES DE FLORENCIA

Formada en la Escola Massana y en Eina, donde además de pintura cursó cerámica y otras diferentes técnicas, del grabado al fresco, Carme Bassa (Barcelona, 1953) amplió luego estudios en el prestigioso Instituto de Arte Lorenzo de Medici de Florencia. Tal bagaje de conocimientos y recursos técnicos tiene como primera consecuencia una obra esmerada y cuidada en extremo de cierto toque renacentista.

De preferencia se vale, para obtener composiciones delicadas e imaginativas, de la encáustica, mezclando cera de abeja con pigmentos y resinas, lo que les da una calidad de pureza. El grosor de la materia le permite incisiones o grattages que pueden resolverse en figuraciones esquemáticas. Y dice: "En una composición abstracta puedo incorporar elementos figurativos que evocan tanto la vida cotidiana como mis preocupaciones vitales y sentimentales". Aunque no siempre da título expreso a sus diferentes imágenes, éste puede aparecer en forma de grafismo como en "Tendedero". Puede también distribuir los elementos de un puerto como grúas, tinglados y buques ("Cerca del mar"), prescindiendo de la perspectiva renacentista para adoptar la perspectiva plana del arte primitivo. O en lugar de trabajar a la encáustica mezcla polvo de hierro con colas y acrílicos para obtener superficies trabajadas con técnicas aprendidas de la abstracción que dan sus composiciones más vigorosas, más pictóricas y desde luego de mayor interés plástico.

M. Lluïsa Borràs (La Vanguardia, 10-05-02)

-------------------------------------------------------------------------------

 

Sala Maragall. Junio 2002

Carme Bassa y el soporte técnico

Carme Bassa se encuentra en el momento óptimo para lanzarse a ser la gran pintora que se adivina en el excesivo dominio técnico de sus cuadros. El oficio nunca está de más, siempre que aparezca como algo natural. Y en especial, espontáneo.

Pero Carme Bassa, que tiene excelentes maneras de decir, aún se complace demasiado en sus lenguajes: la encaústica, combinada con cera de abejas, resinas y pigmentos; y el hierro en polvo, mezclado con acrílicos y colas. Los resultados formales son buenos y llaman la atención. En el espacio de pocos años Garme Bassa ha ofrecido muchas exposiciones y ha ganado en lo formal.

Josep M. Cadena (El Periódico)

-------------------------------------------------------------------------------

 

Galería Article 26 (1999)

El mundo que crea Carme Bassa es un mundo nuevo y antiguo al mismo tiempo. Como la belleza y el carácter que dan los años, su trabajo tiene la profundidad y los surcos de una cara que ha vivido, que ha madurado y que se ha transformado en algo mejor y más complejo. Sus pinturas, sutilmente trabajadas, son ofrendas que contienen gestos y siluetas de imágenes implícitas y de objetos fugaces. Figuras gravadas en múltiples capas sobrepuestas, casi bajo relieves, que enlazan con una iconografía prehistórica que recuerda a veces los petroglifos de viejas culturas ya desaparecidas. Estos elementos gráficos en su obra son el recuerdo de una memoria antigua, que nos hablan de lugares y épocas remotas.

Sin dejar su tierra, Carme Bassa va más allá, proyectándose a partir de formas y texturas que son un reflejo subliminal de su geografía, y del uso de formas y colores muy propios de la austeridad catalana. Sus superficies, de densa textura, están muy influenciadas por las tonalidades que se hallan en este entorno. Utiliza básicamente las gamas terrosas y un azul luminoso y muy mediterráneo. En sus pinturas sobre tela con técnica encáustica, hay una estética voluptuosa de pigmentos y materiales; de múltiples capas en las que la pintura se mezcla con polvo de mármol, resinas, cera de abejas y parafina, para crear una superficie densa y trabajada. Como huellas sobre la arena del desierto, la pintura de Carme Bassa está llena de símbolos enigmáticos de un lenguaje secreto gravado sobre cera.

Katherine Slusher

-------------------------------------------------------------------------------

 

Galería Art Sud, Toulouse, 1996

A pesar del riesgo de caer en la simplificación, podríamos decir que en la producción de Carme Bassa hay dos tipos básicos de obras, dos caminos que ha recorrido paralelamente. Siguiendo esta división, encontramos, por una parte, obras figurativas y, de otra, composiciones abstractas. Dentro de la primera categoría, encontramos ejercicios de representación, de mirada hacia el exterior, mientras que la segunda se refiere a ejercicios de gesto, que resultan de una observación interna y de una exteriorización espontánea.

En el primer gran bloque de obras, encontramos representados los elementos de la domesticidad, del espacio interior, de las cosas externas vistas desde dentro, a menudo a través de una ventana o de un balcón. Como estadio intermedio, hay una serie de obras en las cuales hay un componente de ordenamiento armónico nacido del respeto y de la admiración por los objetos y por las formas externas que rodean la artista. Son elementos que le hacen compañía y que están cargados de sentido y de asociaciones. Los objetos más próximos le sirven de referentes formales e iconográficos, a partir de los que puede empezar una investigación de posibilidades de forma, de luz, de gesto y, en última instancia, de expresividad.

De esta inmediatez cotidiana, Carme pasa, en el segundo bloque de obras, a su universo interior, a toda una simbología que sugiere temas más personales e íntimos. Estas pinturas más abstractos, aún cuando recurren a elementos iconográficos reconocibles, son composiciones simbólicas que se han de ir descifrando y que exigen que estemos abiertos a aquello que allí se nos explica. Son obras que es preciso contemplar sin prisa y en las cuales se deja al descubierto, casi de una forma figurativa y con determinación, la autocensura y la duda. Ya dentro de este modo más abstracto, la línea, el grafismo y la composición abstracta sirven para expresar estados personales. Encontramos también un estudio respetuoso del color, del conflicto cromático, del diálogo que establecen los colores entre sí y de las posibilidades expresivas de su simbolismo.

En las últimas creaciones, composiciones de formato pequeño a menudo apaisado, hechas con una técnica de resina que se seca muy rápidamente, Carme Bassa se atreve a hacer lo que ya hacía en las tintas chinas del año 1994. Se trata del estudio del trazo como síntesis instantánea de aquello aprendido y asimilado, una traducción rápida y espontánea del bagaje adquirido por la artista y que, sin embargo, desafía toda posible intencionalidad. Se trata en cierto modo de no hacer demasiado caso de segundas intenciones, de dudas de última hora, ni de caer en la tentación de introducir “correcciones" o modificaciones posteriores. Se trata, en definitiva, de forzar la confianza en el gesto espontáneo.

En las resinas hay un componente de limitación expresa del tiempo de que el artista dispone para la ejecución. Es preciso decir algo en un espacio de tiempo dado y conocido de antemano, y ver qué pasa. Eso obliga a una reflexión previa de lo que se quiere conseguir, pero también deja abierta la posibilidad de descubrir lo que se puede llegar a alcanzar con recursos tan limitados. Una cosa son las intenciones y los planos establecidos a priori y otra lo que se acaba haciendo en un momento dado y en circunstancias muy concretas. Por lo que respecta a los resultados plásticos de dicho proceso, a menudo hi encontramos trazos primordiales y formas bastante universales en su simplicidad caligráfica. Hay muchas firmas y muchas representaciones esquemáticas de formas básicas y polisémicas, aún cuando en manos de Carme pasan inevitablemente por la criba de su visión personal, de su mundo de significaciones.

En la contemplación de su obra nos damos cuenta de su nivel de intuición cuando se trata de captar temas universales que surgen casi de modo inevitable. La evolución de Carme Bassa ha sido un proceso de ir probando diferentes temas y técnicas y de ir siguiendo caminos de autoanálisis. Su búsqueda formal es más consciente en el inicio de cada etapa, cuando se familiariza con una nueva técnica, pero a medida que va cogiendo seguridad con el medio, la intencionalidad se va diluyendo y va perdiendo importancia.

En todo caso, cuando Carme Bassa se escucha a ella misma y no se propone un ejercicio consciente, cuando el propósito es más libre y menos preconcebido, llega a hacer imágenes resplandecientes, elocuentes, generosas y emocionantes: momentos concentrados de sabiduría, de seguridad tranquila en sí misma; donde ya no hay dudas, donde sólo hay luz y clarividencia. Una luz que se desprende del reconocimiento de uno mismo, más allá de externalidades y de cosas superfluas. La impresión que da entonces es la de un retorno, o de una recuperación, no sólo de un descubrimiento. El efecto es el de abrir un regalo de luz que ha sido envuelto con un papel que le era accesorio y que sólo servía para ocultarlo. Carme Bassa no tiene miedo de ir probando extremos de energía y de oscuridad, de debilidad y sutileza y de todo aquello que pueda haber en medio. En su obra hay una oportunidad para cada momento, una composición para cada estado de ánimo.

Martina Millà

MA Institute of Fine Arts (New York University)

 

   
Carme Bassa - www.bassa.com - bassa.carme@gmail.com
Tots els drets reservats / All rights reserved / Todos los derechos reservados